Tarot en bodas y comidas de empresa, sin obligar a nadie

Un rincón de tarot puede ser lo más comentado de una boda o un motivo de incomodidad, según cómo se plantee. Casi todo se resuelve si se acerca solo quien quiere.
En una boda
Lo habitual es que el rincón abra después del banquete, en la parte del baile o de la barra libre, cuando la gente ya se mueve de un sitio a otro. Durante la comida no tiene sentido: los invitados están sentados y nadie se levanta entre plato y plato para que le echen las cartas.
Pensad en las familias. En muchas bodas conviven abuelas muy religiosas con primos que van a todas las ferias esotéricas. Para las primeras, ver un tarot en la celebración de su nieta puede resultar chocante. No hace falta renunciar a él por eso. Basta con no ponerlo a la entrada del salón y no anunciarlo por el micrófono como si fuera un número obligatorio.
Contadle a la tarotista algo de la familia. Le conviene saber si hay algún tema que duele, como una separación reciente o alguien enfermo, para esquivarlo si sale.
Decidid también si los novios quieren una lectura sobre su matrimonio delante de los invitados. Lo prudente es que no, y si os apetece, guardadla para otro día.
En una comida de empresa
Aquí hay que tener más cuidado. En una boda la gente va por gusto; en una cena de empresa, a veces, por compromiso. Un empleado puede sentir que si no pasa por el rincón queda mal con su jefe, y eso convierte el entretenimiento en una presión.
Algunas ideas que ayudan:
- Presentarlo como una actividad más, al lado de otras, y no como la sorpresa de la noche.
- Que los directivos no se sienten los primeros a animar a los demás.
- Pedir a la tarotista que evite cualquier lectura sobre el trabajo, los compañeros o los ascensos.
- No hacer fotos ni vídeos de las lecturas sin permiso de quien está sentado.
La tercera es la más importante. Una frase sobre el futuro laboral de alguien, dicha delante de su responsable, puede sentar muy mal aunque sea en broma.
Cumpleaños y otras celebraciones
Con amigos y en casa todo es más fácil. Hay más confianza, menos protocolo y la gente sabe a qué viene. Incluso aquí sirve la misma idea: un rincón al que se va, no una ronda en la que se espera turno.
Quien no quiere
Hay invitados que no van a pasar nunca, y no hace falta preguntarles por qué. Ni insistir, ni bromear en la mesa sobre lo que les habría salido. Que el rincón esté ahí y que cada cual decida es lo que hace que funcione. Antes de cerrar la contratación, repasad qué preguntar a la tarotista.